Ladridos

Al contrario de lo que comúnmente se piensa, el ladrido en el perro no es un lenguaje. Es una manifestación emocional en refuerzo de posturas.
La comunicación no verbal constituye un patrón de referencia concreto para quien convive con un perro. Cada perro tiene una serie de señales corporales que si las interpretamos correctamente podremos conocer la emoción que nos está tratando de comunicar. Puede tratarse de sumisión, de una solicitud de juego, contacto corporal, una interrogación, etc. Son signos visibles que no sólo involucran gestos faciales o corporales; los gruñidos, los gemidos, jadeos, aullidos y los ladridos, nos dan otras pistas, nos trasmiten emociones y frustraciones.
El origen de las vocalizaciones es genético influido por el medio ambiente y los aprendizajes en el periodo del desarrollo comportamental de transición. Responde a estímulos del medio ambiente que dependen en consecuencia y notablemente de la relación establecida entre el perro y su dueño.
Muchos propietarios de animales tienen por tendencia tratarlos como a niños, mimarlos y desarrollar en consecuencia problemas, como por ejemplo los denominados «síndrome de hiperafecto» o la ansiedad por separación. Suelen ser perros que duermen en la misma habitación de los amos o comen su mismo alimento y a la misma hora, y que cuando sus propietarios están ausentes pueden llegar a desencadenar conductas destructivas, sobre todo con aquellos objetos que tengan una relación con el sujeto de apego. Y que como corolario se dedican a ladrar obsesivamente cuando se quedan solos. Con una socialización temprana durante los primeros meses de vida, una correcta educación y ubicación social del perro en el seno familiar evitaremos este tipo de problemas. Pero ante todo debemos ser capaces de reconocer los comportamientos antisociales a tiempo y corregirlos con el debido asesoramiento profesional. El período del desarrollo más importante en un perro es justamente el de la «socialización». A esta etapa se le atribuye la génesis de los problemas de comportamiento, debidos esencialmente a un empobrecimiento o a una perturbación del desarrollo comportamental: socialización insuficiente a la especie canina o a la especie humana, miedos, fobias o ansiedad ante diversos estímulos. El período de socialización tiene lugar desde los 21 días hasta las 21 semanas. Si en esta etapa el perro no tiene contactos suficientes con un niño, con otros perros, con el tráfico, de adulto manifestará temor o agresividad hacia estas situaciones.

Educar a un perro no tiene por qué representar un ejercicio que ocupe más tiempo del que el dueño del animal tenga para ocuparse de éste. Debe representar un momento agradable donde se combinará el juego con refuerzo (premios, caricias o palmadas) y paseos que se puedan disfrutar.
El ladrido no es un defecto que haya que erradicar, es una forma de expresión que debemos modelar. Hay que tomar en cuenta que no siempre es un mecanismo de chantaje para conseguir un objetivo o una forma de decirnos que no le dejemos sólo; puede responder a un dolor, a una enfermedad o a un peligro inminente y debemos saber diferenciarlos. Hoy en día y fundamentalmente en las ciudades se ha convertido en un motivo de importantes conflictos vecinales. Representan el segundo motivo de molestia por contaminación auditiva después del tráfico vehicular.
Cada casuística tiene su origen, sus formas de control y sus terapias específicas, pero existen unas normas generales que conviene tener presentes; no pegar, no gritar y no ceder con premios o golosinas a sus reclamos.
Últimamente han surgido en el mercado una serie de dispositivos que pueden servir de ayuda en casos de vocalizaciones excesivas, concretamente nos han llamado la atención los denominados Collares antiladridos